viernes, 30 de octubre de 2026

¡Feliz Halloween!

 Al final fallé a la hora de hacer la actualización de septiembre, pero voy a intentar que no pase lo mismo con la de octubre… ¡porque finales de octubre es sinónimo de Halloween y eso siempre es motivo de celebración!

El final del verano ha supuesto también darme un respiro de las girplas. Tengo un buen alijo para futura gestión y/o montaje… pero eso va a ser problema de una Apo del futuro. La vuelta al trabajo tampoco ayuda particularmente al ánimo o al tiempo de ocio, por lo que prefiero focalizarme en cosas más sencillas, que permiten un disfrute más inmediato. Y para eso están la socorridas muñecas de caja sorpresa. 


Las muñecas sorpresa son un fenómeno relativamente nuevo que se encuentra en pleno apogeo: resultan fáciles de comprar, pequeñas, adorables y baratas. No es de extrañar que le estén ganando terreno a otras muñecas como las BJD clásicas de resina. Es difícil echar de menos los grandes desembolso o las esperas eternas.


Sin embargo, el universo de las muñecas sorpresa abre su propio repertorio de dilemas y paradojas para el coleccionista dubitativo. ¿Caja entera o sólo mis modelos favoritos? ¿Y si los modelos que me gustan son populares o hidden y voy a acabar pagando lo mismo que por toda la caja? ¿Qué cantidad de muñecos de cada colección que me gusta debería adoptar: uno de muestra, dos para que sean amigos, más…? ¿Y ese pick de dopamina de apostar por la sorpresa…?


A día de hoy, tengo más preguntas que respuestas, pero estoy contenta de que adoptar una muñeca bonita se haya vuelto mucho más asequible. Estos dos niños de la foto de Halloween son mi parejita de Boxed Furries. Uno de ellos lleva el traje de esqueleto que brilla en la oscuridad que hice otro año para las EveLynnas, pero que nunca llegué a usar. Estoy contenta de haber conseguido hacer una pequeña foto para celebrar mi fiesta favorita del año.




Por otro lado, recientemente estoy cayendo en la tendencia de muñecas sorpresa con pelo insertado que tanto había criticado. Agüita, gel y tijeras… ¿quién dijo miedo?