“Ahora mismo… ¿me volvería a comprar este muñeco?”
Para mí, uno de los síntomas claros de que una ya es muy
viejuna en el hobby es hacerse esta pregunta. Y muchas otras. Filosofar con el
muñequeo. Quiénes somos, de dónde venimos, qué nos compramos. Por qué nos lo
compramos.
Y así, de este modo, he conseguido elaborar un pequeño método
personal que me ayuda a decidir si una muñeca debe venirse a casa o no. ¿Queréis conocer mi test de acceso a la colección apokripha?

1. TAMAÑO
Por debajo de los 30cm. He tenido y tengo muñecos más
grandes. Es una auténtica pasada cogerlos en brazos, sentir su peso, explorar
sus detalles… pero son cansinos y difíciles de manejar. Hace falta mucho espacio y energía para sacarles fotos más allá del primer plano… por no hablar de lo complicado
que resulta que tengan muebles y accesorios.
Los tamaños más pequeños me permiten explotar al máximo el
lenguaje corporal en las fotos, así como captar también el entorno que rodea al
muñeco. De la escala 1/3 pasé a 1/4, luego a 1/6, hasta 1/12... el encogimiento no tiene límites :_D
2. PRECIO
Se trata de un factor limitante, sin duda. Una no debe
meterse en pagar lo que no se puede permitir… pero, a parte de si me lo “puedo”
permitir, siempre me pregunto: ¿me lo “quiero” permitir? Muchas veces el precio
de un muñeco hace que me corte a la hora de jugar con él. Porque temo que se
estropee o se rompa (aún puedo cerrar los ojos y escuchar el sonido de mi
preciosa Anais limitada de Volks dejándose una ceja contra el asfalto). Y la
verdad es que… disfruto demasiado trasteando como para la pasta me cohíba, así que,
si algo está fuera de rango, lo dejo pasar.
Añadir que recientemente se ha añadido una problemática interesante: los muñecos que se revalorizan. Lo compras por 100€ y su precio en el mercado asciende hasta 350€. Personalmente, no me corto de jugar con ellos por el precio al que podrían venderse si estoy segura de que los quiero para mí.
3. POSABILIDAD
El muñeco tiene que posar muy bien. Si no puede adoptar
poses variadas y naturales, no está hecho para mí. La buena ingeniería y las
junturas dobles aumentan menormente las papeletas de que un muñeco se venga
a casa. Ya no sólo por las posibilidades expresivas que pueda alcanzar en las
fotos… lo cierto es que también disfruto mucho agarrando un muñeco, poniéndolo
una pose chula (¿llevándose las manos a la cara? ¿abrazándose las rodillas?) y
dejándolo en mi mesa para que me haga compañía.
4. PIEZAS DE CAMBIAR
Sé que hay quien no les saca partido… pero no es mi caso. Me
encantan las manos de cambiar (sobre todo las de goma, que no se rompen).
También el rollo de las expresiones faciales muy chulo, pero casi queda
relegado a las figuritas de acción y algunos pocos BJD experimentales.
Y así es como algunos de los que superan el test terminan por venirse a casa. ¿Y vosotr@s? ¿Tenéis algunas "normas" para predecir si un queco funcionará en vuestra casa o no? ¿Las compartís?
Y si habéis leído hasta aquí este tostón filosófico... ¿queréis descubrir de qué su segunda parte? CHANAN. Tengo cuerda para rato. Lo siento.