Supongo que no exagero si digo que hacía años que no creaba una BJD. El último proyecto que recuerdo haber afrontado con ilusión se remonta a 2016, cuando mandé a Teddie/Manju a imprimir con Shapeways (de aquella las impresoras caseras no se habían popularizado y las opciones para materializar esculturas 3D eran más bien limitadas). El cuerpo fue un éxito, pero supongo que no me enamoró lo suficiente como para seguir adelante con él.
Más tarde modificaría un poco el cuerpo de Teddie para adaptarlo a Frankie Jr. Llegué a imprimir una copia, pero soy mala madre y nunca lo pinté ni enseñé...
Más adelante, mi devoción por los ponys y los juguetes miniatura me llevó a hacer un modesto homenaje a los Magic Meados de los 90. Hice una versión parada y otra caminado, basadas em un archivo original que tiene rigging y es bastante chulo para estar hecho por mí. También empecé un pequeño Mimic, pero nunca llegué a terminarlo.
Pasó algo más de tiempo y me empezó a rallarme la estúpida idea de que quería un furro. Así que, como esculpir cabezas no es lo mío, intenté adaptarme a las circunstancias y limitarme a esculpir un cuerpo más maduro y espigado para mis Usaggies de Petworks. Gran fracaso: el proyecto se me atragantó por todas partes y lo abandoné antes incluso de empezar a cortar las primeras junturas.
Pero luego llegó Yukari con su banda de furros punkys adolescentes y me picó de nuevo la envidia. Y cogí aquél puñetero cuerpo abandonado y avancé hasta terminarlo de cuello a pies. Algo es algo. La verdad es que me parece muy bonito y posa bien (tiene un aire a aquella basura que intentaba alumbrar hace once años, ¿verdad?).
Me puse a mirar muñecas antropomórficas por inspiración y, súbitamente, un terrible sentimiento empezó a crecer dentro de mí. Que mi muñeca era como muchas otras, que yo estaba llamada a más, que le faltaba originalidad, que ya podría hacer cosas únicas... poco a poco se apoderó de mí una pataleta que me empujó a buscar algo totalmente distinto. No obstante, el cuerpo me gusta y Yukari me ayudó a buscarle una carita interesante, así que en algún momento del futuro seguramente volveré a retomarlo.
Pero por ahora necesitaba algo nuevo, fresco, distinto. Una idea mía que me definiese mejor como artista. y nació Kiboko. Pequeño, redondito y dulce. Un hipopótamo bebé lleno de energía y carácter. No sabía adónde me llevaría su viaje, pero ayer lo terminamos de imprimir (gracias, Yukari) y me tiene enamorada.



