Este mes han caído un par de figuritas de acción más. Una que, si hay suerte, llegará dentro de no mucho y otra que es para... -redoble de tambores- diciembre. Fun-fun-fun. Mejor no pensarlo mucho y rezar para que el yen siga bajito.
Mientras, he aprovechado mi tiempo libre para embarcarme en el bonito y trabajoso proyecto de hacer unos pantalones escala 1/6 como los de los bailarines chinos de la danza del león (que me quedé tontita con la idea después de ver el desfile del Año Nuevo Lunar, así de infantil soy). Ha sido un reto interesante, sobre todo encontrar los materiales necesarios e ingeniar una forma de montarlos (menos mal que siempre tengo a Yukari con un consejo sabio que me salva la vida y me ayuda ayuda a bordar mierdas complejas).
Por lo demás, el tema de los muñecos sorpresa sigue siendo un despropósito absoluto: hay miles, son cucos, son baratos, todo el mundo quiere una tajada del pastel, cada mes surgen decenas de nuevos proyecto que nadie sabe adónde van a ir... en general, resulta muy agotador seguir la dinámica de estas muñecas. Una acaba que no sabe si prefiere que las cosas le llamen la atención o no. Porque cuando algo está claramente fuera de tu interés por lo menos puedes pasar olímpicamente de ello sin despeinarte. Pero cuando algo te gusta... el proceso se vuelve agónico. Días, semanas, meses para una puñetera actualización. Una miguita y vuelta a desaparecer. ¿El proyecto ha muerto o sigue en pie? ¿Se podrá confiar en ellos si llegan a sacar preorder? ¿Cuál será la primera compañía en huir con la pasta?
Y así, se supone que la segunda colección de e-pets verá la luz el mes que viene. Ya veremos si es verdad. Por ahora, he decidido saciar mi sed de plástico jugando pacientemente con el plástico que tengo por casa...







