Siempre hay dos cosas que me han parecido fundamentales a la hora de que un personaje cobre verdadera vida:
1) La tridimensionalidad: El papel es un medio perfecto para crear y desarrollar personajes. Quien me conozca sabe bien que me gusta mucho dibujar a mis personajes en todo tipo de situaciones. El papel es siempre el primer paso de cualquier proyecto, y tiene ese toque encantador de recoger las infinitas posibilidades que pueden expandirse a otros medios… como las tres dimensiones. Ser capaz de ver, tocar y posar un objeto que vive en el espacio tiene un encanto particular.
2) El movimiento: Algo de lo que un dibujo o una escultura
carecen. Por supuesto, el cómic y las fotohistorias son una preciosa aproximación
al movimiento. Pero el auténtico paso hacia la vida está en la stop-motion y la
animación. Hay algo especial en ver a un personaje moverse “como si estuviese
vivo”.
Y en eso están los muñequitos que me compré estas navidades. Hoy 23 de febrero ha llegado el pequeño monillo de HanaIchi. Y también he terminado la primera animación de Okarino (llevo un par de días dándole vueltas... y por fin puede caminar).
A la muchacha ya le he hecho un poco de hot glue para mejorar su posabilidad. Estoy en probarle ojos y pelucas, ¡poco a poco va avanzando hacia su look final! Veremos qué tal le sienta un maquillaje casero de Tortilandia.
De Okarino acabo de mandar el segundo pago. Como su personaje está basado en el clásico héroe de videojuego, me anima mucho hacerle pequeñas animaciones. Próximamente: Okarino corriendo y Okarino dando espadazos.




