miércoles, 3 de junio de 2015

Cuando un juguete se va...

Atención: Entrada bastante sentimental y larga, no leer si no está "in the mood for moñadas".

Los juguetes que conservo de mi infancia son sólo una pequeñísima parte de todos los que tuve. Porque era una niña muy juguetera y los avatares de la vida fueron reduciendo drásticamente mi población de muñecadas...

Conservo unos cuantos juguetes que me eran muy queridos (y otros que no tanto), pero hay otros cuya pérdida lamento amargamente. Así, me he visto pasados unos añitos rebuscando y recomprando algunos de mis "juguetes perdidos".

Algunos son relativamente fáciles de identificar y encontrar. Otros requieren grandes cantidades de investigación, de dinero, de suerte... o son sencillamente imposibles de encontrar. Si eran colecciones menores (o incluso fakies), venían en packs grandes o pertenecían a empresas ya extintas hace muchos años... dar con ellos se vuelve sencillamente inviable.

A este último grupo pertenecía una especie de pegacornio diminuto. Lo recordaba perfectamente: moradito, echado, del tamaño de las Polly Pocket pero perteneciente a alguna otra marca o fabricante imposible de identificar. Lo busqué por mis cajas pero nunca me molesté en mirarlo muy a fondo por internet ya que sabía que sería imposible de identificar. Además su reducidísimo tamaño lo habría hecho una víctima perfecta a la hora de perderse y desaparecer para siempre.

Y sin embargo, un día, buscando cualquier otra cosa por eBay...


Apareció. Un primito de mi pegacornio a la venta por... 10 dólares. Y 30 de envío. Total, casi unos 40 euros tontorrones recuperar un juguete de la infancia. Escribí al vendedor a ver si podía mandarlo por otro método (dado el peso y el tamaño podrían viajar él y su amiga en un First Class de 3 dólares), pero antes de que me pudiese contestar la subasta se acabó (total, su respuesta tampoco habría cambiado gran cosa, ya que me decía que ese envío era lo que había y que si no me gustaba, que me jodiese).

Volví a rebuscar por eBay pero no había ningún otro pegacornio igual. Perdí la que parecía que sería mi única oportunidad -millonaria- de recuperar mi juguetito... hasta que volví a casa de mi madre y me encontré una bolsa asquerosa de plástico llena de cochinadas mías que algún día habían quedado olvidadas en una vieja casa de la playa familiar...


Y entre otras destacables joyas, lo encontré. Pequeñito y sonriente... tras más de diez años sin vernos. Otra vez conmigo... si os fijáis en el tamaño de mi huella dactilar os podéis imaginar el tamaño de pegacornio (y haceros una de idea de lo pequeñísimas que eran mis esperanzas de recuperarlo).

¿No es absolutamente precioso? Lo adoro.

2 comentarios:

  1. Me encantan las historias con final feliz, no lo puedo evitar ^^
    Si que es diminuto, normal que se pierda tan fácilmente, pero fjate como son las cosas que te ahorraste la pasta que cobraban por aquel y has encontrado el tuyo. Me alegra que después de tanto tiempo hayas podido recuperarlo.

    Yo también conservo algunos juguetes de mi infancia pero solo aquellos que me gustaban mucho, los que no me decían nada terminé por darlos para que otros niños jueguen con ellos.

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  2. Pero qué suerte!!! Después de todas esas epopeyas, que hayas ido a encontrar EL TUYO!!!
    Me alegra mucho, porque sé perfectamente lo apegadas que podemos llegar a estar a las cositas de nuestra infancia, y el haberlo re-encontrado es una pasada...

    Yo perdí muchas cosas que eran muy importantes, pero no puedo recuperarlas comprando, porque siempre pienso que no serán las mías, las que pasaron conmigo todos esos buenos ratos (y malos xD) Así que mis más sincera enhorabuena!!!!

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